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Vida Privada vs Vida Profesional

Por:  Manuel Pajarín Vergara

Durante muchos años se ha explicado y enseñado que la vida personal se deja a la entrada de la puerta de empleados y que la vida profesional se queda justo en el escritorio que desocupo al salir de la oficina. Sin embargo, no es así. Pienso que ‘somos’, la suma integral de todo lo que hacemos y vivimos a lo largo de la vida. El trabajo puede hacernos sentir tan orgullosos ante otros, como las ‘maromas japonesas’ de nuestra hija de siete años en un torneo internacional de Shotokan. Podemos celebrar la exitosa venta de nuestra cuenta a la empresa de telecomunicaciones más importante del país, como el ‘sí’ de mi futura esposa. Podemos sentir enojo y contrariedad por un despido, como por la noticia de la detección de un nódulo maligno, en la mamografía de una pariente.

La vida privada y la profesional son tan nuestras, tan íntimas y tan entrelazadas (una coexiste por la otra y viceversa), que necesitamos brindarle el cuidado, atención y esmero que requieran; las dos. El punto de éxito, es no equivocarnos en darle demasiada atención a una, ignorando a la otra. Es la capacidad de reconocer cuándo se requiere realmente, por un tiempo determinado, un mayor esfuerzo y dedicación para el trabajo y cuándo para la vida personal. Porque lo curioso, es que ambas vidas, requieren de mi tiempo y mi mejor esfuerzo.

Nuestra vida personal y profesional, son dos pasajeros en una balsa que navega sobre un río corriente abajo, llamado ‘destino’. Necesitan viajar juntas, ayudándose mutuamente a no caerse cuando la corriente es más agresiva. Ambas necesitan impedir que el río las arrastre sin saber a dónde las lleva. Necesitan una meta. Pero también, es imperativo que descubran, que aunque la meta es importante; saber viajar juntas, lo es más. Cuando lo aprenden, la vida personal y profesional, interactuarán un poco más con el ‘destino’, a través de la toma de mejores decisiones. Decisiones correctas, porque estarán llenas de propósitos y razones; sin pretender con esto, que pueden controlarlo todo. Cosa que es imposible, porque el ‘destino’ sigue siendo el río.
 
A continuación pequeños trucos para que ambas viajen mejor juntas.
 
Para los que están todavía a tiempo de elegir dónde y qué hacer:

Expectativas claras sobre la Empresa y la Profesión
Muchas cosas se complican desde el mismo origen. Es importante establecer cuáles son nuestros objetivos para trabajar en esta o en aquella empresa. O cuáles son los objetivos por los que estudio la carrera que elegí. Si queremos los fines de semana libre, no es correcto aplicar para Gerentes de un Casino o un Supermercado 24 horas (por mejor que paguen). Si nos gustan muchos los fines de semana libres, ¿qué hago estudiando Turismo y Hotelería? ¿Para qué salgo con un médico, si soy de los que le molestan que lo abandonen a mitad de una película en la noche? Es importante que lo que estudio y/o la empresa que busco, no sólo me guste y me apasione, sino que yo esté claro del día a día de la operatividad de la empresa o la profesión. No sea que descubra, que ‘soy alérgico’ a trabajar bajo constante presión, cuando tengo cinco años laborando en la producción de espectáculos para televisión y me pregunte: ¿para qué estudié esto?. Si no me sintonizo correctamente con la demanda de tiempo y esfuerzo de la carrera o el trabajo que terminé (o terminaré) eligiendo, puede que me resulte más estimulante la vida fuera del trabajo, y eso… no es saludable…

Para los que elegimos el trabajo que tenemos – Para los que están todavía a tiempo de elegir dónde y qué hacer – Para los que no sabemos cómo fue que llegamos a este trabajo:

Comunicarse, comunicarse…
Existe una dinámica de Talleres de Cuerdas, en INCAE, que se llama Mudos y Ciegos; y una de sus conclusiones reza: ‘no actuemos como ciegos pudiendo ver y no actuemos como mudos pudiendo hablar’. Conceptos totalmente ciertos y desafortunadamente comunes en la vida diaria. Hablemos más con las personas que nos rodean en el trabajo, y en el hogar. Digamos lo que sentimos, pensamos y percibimos (o creemos), sin buscar ofender. No asumamos. Confirmemos y verifiquemos que vamos por el mismo camino, que tenemos la misma meta.

Cumplir las promesas
No diga que va a llegar temprano a casa, si sospecha que quizás no sea así. No diga que conseguirá un aumento de salario si logran las metas, si no es posible tal cosa. Si algo no es urgente y puede esperar hasta mañana, sin causar daños a los clientes (internos o externos), ¡váyase rápido a ese compromiso familiar! ¡No los haga esperar! Llegue a la hora que dijo. Esquive bien sus quita tiempos y termine ese reporte o haga esa venta en la fecha acordada. Vaya a ese viaje de semana santa que planeó con su familia. No se comprometa en cosas que le puedan desviar de los objetivos básicos de su departamento. Termine las tareas. No deje muchas cosas pospuestas. No forme parte de tantos comités. No ascienden a los que tienen ‘la nariz en todo’; si no a los que siempre logran sus metas. Y recuerde de nuevo, no diga que va a llegar temprano si sabe que no es así…

No todo es trabajo, no todo es diversión
El Rey Salomón escribió en un poema llamado Eclesiastés, que existía un tiempo para todo. Tiempo para amar, tiempo para enojarse, tiempo para reír, tiempo para recoger piedras, tiempo para esparcir piedras… Yo diría, tiempo para trabajar, tiempo para divertirse. No lleve la laptop al paseo a la playa con los hijos y su cónyuge. Mire que se le puede caer al agua… No se la pase sólo contando chistes, cuando todos los demás están elaborando el ‘presupuesto’ del siguiente año… No sea que ‘ahorren’ mandándolo de vacaciones permanentes… Esforcémonos para cumplir las metas (la empresa lo necesita por cierto) y juguemos hasta quedar sin aliento en el parque. Salgamos a lograr los objetivos corporativos y salgamos también de vacaciones.

Descansar
Aunque para algunas personas la idea de descanso es correr en la maratón de Nueva York o escalar la India Dormida con los ojos vendados; lo cierto es que el cuerpo necesita ponerse en ‘off’, de vez en cuando. Descansar es quedarse un buen par de horas sin hacer nada. Sí como lo leyó: sin hacer nada. Descansar no es irse a un hotel a jugar, bailar y beber, eso es salir de paseo o de viaje. Descanse.

Disfrutar la vida, disfrutar lo que hacemos
Alguien me dijo una vez que se podía encontrar placer en el trabajo. Lo primero que pensé es que estaba bajo los efectos de un hongo alucinógeno, para decir semejante cosa. No con el trabajo que yo tenía. Muchas veces terminamos haciendo algo que no nos gusta y la hipoteca nos impide cambiar de empresa. Sin embargo, ese día, esta maravillosa persona supo lanzarme el reto personal de descubrir qué podía entusiasmarme en mi trabajo. Al poco tiempo descubrí que disfrutaba mucho enseñarle al personal nuevo. Decidí llenar mis días con esta práctica y me ofrecía a enseñar en mis turnos. Vaya, mi vida cambió. De seguro existe en su trabajo algo que lo pueda entusiasmar, por encima de otras tareas. ¡Aprovéchelas! Sea voluntario para hacerlas más a menudo. Démosle gracias a Dios por el trabajo. Aprendamos a disfrutar lo que hacemos. De seguro, nos permitirá disfrutar aún más a nuestra familia.

Por cierto las personas no somos perfectas, por lo tanto no pretendamos que lo sean los que viven con nosotros. Disfrutémoslos tal cual son. Mire que cuando ya no están, nos damos cuenta que nos hacen falta, entonces terminamos con golpes de pecho (sin que nadie nos vea) diciéndonos: ¿por qué no los visité más a menudo? Y otras cosas por estilo… Disfrutar la vida es aprender a disfrutar lo que hacemos y a la gente… sí, hasta al Jefe…

Confiar en la gente a la que delegamos
No se quede más horas de lo necesario en la oficina (o llevarse trabajo a casa) por tareas que pueden ser hechas por uno de sus colaboradores (bajo su cargo). Mucho menos por trabajo que era de otra persona (igual rango), por el simple hecho que no se le puede confiar nada. De seguro habrá que capacitarlo o decirle adiós a esa persona. Cuando no delegamos, es importante saber si lo hacemos porque la tarea supera el conocimiento o manejo de información de mis asistentes, y no por ‘perfeccionismo’ o ‘paternalismo’, mío. Algunas veces perdemos mucho tiempo valioso, porque decidimos hacer cosas que podemos delegar. De seguro la vida privada se desbalanceará por el mucho repetir esta acción.

No nos tomemos tan en serio
A veces nos tomamos muy en serio. Nos disgustamos porque alguien nos juega una broma o se burla de la camisa que llevamos, como si se hubiesen metido con Monseñor Dimas Cedeño y no con nosotros. Relajémonos. La empresa no se va a derrumbar porque me fui de vacaciones o de viaje. Su esposo no se perderá en el Supermercado porque usted necesita quedarse a terminar el reporte de fin de mes. Las reuniones de los lunes no se quedarán en el vacío porque no llevé los cafés. Lo más que puede pasar es que lo extrañen. Nunca nos vemos ridículos si la pareja de baile tiene ocho años y nos dice, papá (o mamá), o si jugamos wii en el patio de la casa, ante las delirantes miradas de nuestros retoños. Relajémonos. Nada malo va a pasar si nos ausentamos del trabajo cuando ya debemos estar en casa.

Cuando en correcto balance, el trabajo nos requiere un poco más, nuestro cónyuge puede perfectamente ir al cine con los niños o nuestro principal asistente puede representarnos en la junta de fin de mes. El negocio seguirá funcionando de seguro, aunque yo no esté. El mercado no sabe nuestro nombre completo. En casa sí.